José Ramón Galán Talens

17 de mayo de 2018 

En el mundo antiguo la práctica de cualquier deporte y entre ellos el tiro, no era más que una especie de preparación para el combate. Los avances de la sociedad moderna nos permiten practicarlos con fines puramente lúdicos que conocemos como deporte.

Limpieza y mantenimiento

La limpieza de las armas de avancarga, tras la sesión de tiro, es uno de los aspectos más controvertidos y que más estupor causa entre los aficionados que se inician. Siempre se intenta limitarla, cuando la eliminación de los residuos de la combustión es una exigencia necesaria para mantener la pistola, no solo operativa, sino en buen estado. Retrasarla, o evitarla, solo conlleva el deterioro de la pistola, y no solo en su parte estética, también en la mecánica y funcional.

 

Desmontar la pistola es extremadamente fácil y al alcance de cualquier aficcionado que disponga únicamente de un destornillador.

En primer lugar extraemos la llave de la caja. Con esta en posición de medio armado, la desatornillamos por la parte contraria a la misma, llamada el espejo, quedando liberada y preparada para su limpieza, secado y lubricación.

 

A continuación quitaremos el cañón. Para ello tan solo hay que deslizar la chaveta que lo mantiene sujeto a la caja por la parte inferior de la zona media. En algunos modelos también hay que aflojar el tornillo que sujeta el culatín o "rabera". Una vez hecho esto solo queda sacar el cañón levantando desde la boca, ya que este queda retenido por medio de la uña de la rabera y el pasador citado anteriormente.

 

Existen otros sistemas de anclaje, pero son igualmente sencillos, pues este tipo de armas siempre han requerido de un cierto esmero en su limpieza, debido principalmente a que los residuos de combustión de la pólvora negra, salino-sulfurosos, son altamente higroscópicos y corrosivos. 

 

Para mantener el cañón en las mejores condiciones de tiro, es necesario que lo limpiemos correctamente. Para ello dispondremos de agua caliente, pues los residuos de pólvora negra son solubles en ella. Una baqueta de limpieza, preferiblemente de latón, y trapos de tipo bayeta pre-cortados de manera que se adapten a la misma. También necesitaremos un cepillo de los usados para la higiene bucal y aceite para armas de calidad.

 

En primer lugar dispondremos del agua en un recipiente (a ser posible de material plástico), en el que introduciremos el cañón por la parte de la recámara. Con el cepillo frotaremos entre el oído con el fin de quitar la carbonilla que queda en esa zona. Seguidamente con la baqueta, a la que habremos puesto un trapo humedecido de los reseñados, introduciremos hacia el interior del cañón y con un movimiento de vaivén bombearemos agua, que entrará y saldrá a través del canal de fuego, disolviendo y arrastrando los residuos de la zona de la recámara a la que no se puede acceder mediante la baqueta.

Actuaremos hasta que deje de salir este liquido oscuro, entonces podremos sacar el cañón y secarlo bien exteriormente, para seguir con el proceso de secado interior. Para lo cual y con la misma baqueta, ahora seca, introduciremos un trapo de bayeta limpio en el interior y lo pasaremos hacia adentro y hacia fuera substituyéndolo con frecuencia hasta que salga seco.

Una vez limpio y seco procederemos al aceitado del ánima, por medio de la misma baqueta y un trapo impregnado en aceite para armas. El autor prefiere el aceite WD40, aunque existen otros muchos de calidad contrastada. Si fuera necesario para el secado, aplicaríamos aire comprimido o caliente para acelerar el proceso, especialmente en la zona de la recámara.

Terminaremos pasando un trapo aceitado por el exterior del cañón, y con esto último habrá quedado perfectamente limpio, protegido y dispuesto para la próxima sesión de tiro.

 

Para volver a montar el cañón, procederemos de forma inversa a como lo hemos desmontado, teniendo en cuenta que primero hemos de anclar la uña del culatín (parte trasera del cañón) con la rabera instalada en la caja, que tiene una hendidura a tal efecto. Seguidamente lo encajaremos en la caña y pasaremos la chaveta, que suele ir bastante ajustada. En los cañones con tornillo trasero se actúa de igual forma, asegurando en primer lugar la rabera del cañón y seguidamente la parte delantera.

 

La llave se limpia de forma similar, aunque por ser más accesible, podemos hacerlo solamente con un cepillo, aceite para armas y un buen trapo de algodón o papel de cocina. El objetivo es eliminar cualquier resto de combustión y re-engrasar las partes móviles, con especial dedicación al eje del rastrillo.

La llave es lo primero que quitamos, y lo último en ser montado. Tras lo cual comprobaremos el perfecto ajuste y funcionamiento de la misma.

 

 

En una de las fotos se le ve con una pistola de aire a presión ¿se puede secar solo con ella?

Supongo que se podría. Sin embargo lo usual es hacer el proceso descrito y ayudarse de ella para las zonas más inaccesibles, como el mecanismo de la llave o el interior de la recámara.

El autor considera muy útil el aire a presión porque asegura el perfecto secado de las zonas más críticas. Además de reducir el tiempo que dedicamos al mantenimiento.

Cuando estos compresores de aire eran menos habituales, el procedimiento era desplazar la humedad a base de aceite lubricante. Sin embargo el exceso de aceite en el interior de la recámara siempre acaba por generar problemas de encendido, especialmente al inicio de las competiciones.

 

¿Parece necesario ser generoso con el aceite?

Si hacemos un mantenimiento cuidadoso no es necesario abusar del aceite, especialmente dentro del cañón, donde solo se debe proteger el ánima, y bajo criterio del autor, nunca en la zona de la recámara y canal de fuego.

 


 


La limpieza y mantenimiento de nuestras armas es una constante en los campeonatos internacionales. Los entrenamientos previos lo exigen y no siempre la podemos realizar en las condiciones que desearíamos. Campeonato del Mundo 2012, Pforzheim-Alemania.

 

 


Aplicando aire a presión por el oído. Una de las premisas para los países organizadores es el de habilitar una zona para la limpieza de armas, aunque luego cada cual emplea su criterio. En el Campeonato de Europa 2007, Parma-Italia, dispusimos de todo lo necesario, incluso de aceite lubricante (WD40).

 

 


Trasera del cañón de una pistola Manton de ARSA. Se aprecia la uña de anclaje del mismo, que encaja en la rabera de la caja.

 

 


Estado en el que queda la pistola tras una sesión de tiro. Aun con el efecto de la luz, se aprecia la gran cantidad de residuos que afectan a todo el conjunto del arma.

 

 


Más de una década de amistad y admiración. El autor con Tarmo Ansamaa, capitán del equipo finés y uno de los grandes especialistas en arma corta y de Cominazzo en particular. Oro y plata en los europeos 2013 y 2017 respectivamente.

 

 


Diversas variantes de recámara que se diseñaron en la época y donde se busca la fiabilidad más que la prontitud en el disparo. Son habituales en las pistolas originales de mayor precio.

 

Campeonato de Europa 1997, Leusden-Holanda. Equipo español tras el desfile inaugural.

 

 

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