José Ramón Galán Talens

17 de mayo de 2018 

En el mundo antiguo la práctica de cualquier deporte y entre ellos el tiro, no era más que una especie de preparación para el combate. Los avances de la sociedad moderna nos permiten practicarlos con fines puramente lúdicos que conocemos como deporte.

Empuñar la pistola

El único punto de unión entre la pistola y el tirador es la culata, con ella controlamos el arma mientras apuntamos y realizamos el disparo. La correcta forma de empuñar es importante en todas las pistolas y de ello depende en gran manera el resultado final, pero en esta disciplina lo es más aun, ya que a las acciones comentadas hay que sumar la fuerte reacción a que nos someterá cada uno de los disparos. La única referencia o punto de apoyo para soportar la fuerza del arma, es la mano que la sujeta y el brazo.

 

Al ser culatas sin ventaja alguna, el agarre debe ser fuerte para que el retroceso sea lineal, de lo contrario obtendremos un disparo defectuoso.

 

Para mejorar nuestro agarre, debemos realizar ejercicios básicos que mantengan la fuerza y tono muscular adecuados en mano, antebrazo y hombro que son los pilares en que se sustenta la acción.

Este se puede realizar en casa y se basa únicamente en sesiones de levantamientos y movimientos con la pistola que empleamos normalmente. Siempre agarrada firmemente y sin soltarla durante períodos que comienzan con 10 minutos y que se alargan a medida que se avanza. Con ello no solo estimulamos los músculos implicados, también mejoramos la familiaridad con el arma en general y la empuñadura en particular.

Alternados con sesiones de “tiro en seco” (substituyendo la piedra por un trozo de madera, cuero o similar) completarán nuestra preparación de cara a las competiciones importantes.

Los ejercicios de flexibilidad y fondo no tenemos que descartarlos, pues también ayudarán al buen estado general del tirador.

 

 

La balística de interior es todo lo que le ocurre al proyectil desde el momento en que el fiador libera el “pie de gato” (martillo). Este golpea el rastrillo arrancándole chispas que inflamarán el cebo que prenderá la carga principal y empujará al proyectil hasta conseguir que abandone el cañón. Más concretamente hasta que el proyectil ya se ha alejado unos centímetros de la boca del cañón y no se ve afectado por el chorro de gases. Todo esto ocurre en muy poco tiempo, pero lo estudiaremos paso a paso para poder sacar conclusiones, pues tiene mucho que ver en como debemos agarrar la empuñadura. 

 

La piedra golpea el rastrillo arrancando de acero incandescente que caen en la cazoleta prendiendo el polvorín de cebado. Consecuencia de ello la carga propulsora se inflama creando gran cantidad de gases que aumentan la presión en la recámara a gran velocidad, llegando al umbral en que el proyectil se pone en movimiento y con ello el volumen de la recámara aumenta al tiempo que el proyectil va ganando velocidad hasta abandonar el cañón a una determinada velocidad.

 

Todo sucede en milisegundos y podríamos llamarlo acción, y toda acción tiene como consecuencia una reacción (tercera ley de Newton: a toda acción se opone siempre una reacción igual) que generalmente resumimos con la palabra retroceso.

 

De hecho si pudiéramos dejar el arma sobre una mesa sin nada que la sujetara y dispararla eléctricamente, observaríamos como salta hacia atrás y lateralmente por el efecto jet generado por la salida de gases a través del canal de fuego del oído.

Todo ello es consecuencia de la reacción al movimiento de masas y empieza justo en el momento en que el fiador de disparo es liberado y no como erróneamente he escuchado en alguna ocasión, “cuando el arma acusa el retroceso la bala ya está en el sitio”. No es así. Y no lo es en Cominazzo ni en otras disciplinas, cuando flaquea el agarre, el disparo puede impactar en cualquier sitio.

 

Por todo ello, las armas cortas deben empuñarse con firmeza, tanto más cuanto mayor sea la carga o potencia del disparo, puesto que la masa del proyectil y velocidad inicial son determinantes en la reacción final.

 

Muchos de esos disparos que inexplicablemente se nos van de la agrupación, pueden ser consecuencia de un agarre defectuoso. Y ello no debemos entenderlo solamente como una cuestión puramente física, pues un exceso de tensión emocional nos hará sostener más que agarrar la pistola.

En algunas ocasiones habremos notado que en el momento del disparo parece que el retroceso nos hace dar un giro anormal de la articulación de la muñeca, cuando lo que ha ocurrido, es que el soporte de la pistola, nuestra mano, ha cedido en el momento de la reacción, es decir no empuñábamos con la suficiente firmeza.

En algunos videos vemos como la pistola salta en la mano del tirador, que no se molesta ni en tratar de mantener la puntería. Esto vale para tiro informal, pero en alta competición deberemos ser más exigentes con el autocontrol emocional.

 

 

La forma de agarrar un arma de Avancarga es una cuestión muy controvertida, en la que no existe unidad de criterios, más bien todo lo contrario. Muchas opiniones se han vertido sobre el tema, pero sin llegar a conclusiones o criterios definitivos. Personalmente, reafirmo mi criterio sobre la forma de empuñar un arma corta, con FIRMEZA, con la fuerza suficiente para controlar la reacción posterior al disparo, tanto más fuerte cuanto mayor sea el retroceso del arma, y Cominazzo entra dentro de esta selección.

 

Cuando hablamos de armas de avancarga, prefiero emplear la palabra “agarrar” en lugar de “empuñar” por evidentes motivos de significado, pues define mejor mi idea sobre la forma de sostener una pistola mientras se dispara. Todo ello resulta lógico si pensamos que las pistolas de duelo no disponen de cachas anatómicas.

En las armas a que nos referimos, la cacha suele ser un soporte de madera más o menos oval y con un ángulo pensado tan solo para mantenerlas en línea de tiro con el brazo, sin más pretensiones que las que se concedieron a la estética de la época. Son armas bellas pero no fueron pensadas para la práctica deportiva. Y es por ello que deben ser agarradas en la acepción exacta de la palabra.

 

Generalmente para elogiar la bondad de un arma, se habla del “equilibrio” de la misma, no solo del centro de gravedad y simetría, también de la reacción al disparo, incluyendo el movimiento de masas generado por la llave, que necesariamente debe de estar dotada de potentes resortes capaces de arrancar chispas del rastrillo. Esto último ocurre mientras sostenemos la pistola apuntada y el proyectil sigue dentro del ánima esperando el empujón hacia el blanco.

 

Mi opinión personal basada en el estudio y experiencia adquirida en las canchas de tiro, es que las pistolas de avancarga, y muy especialmente las de chispa, se deben agarrar con fuerza para que el retroceso sea lineal. Ello requiere una cierta preparación física general, y también la específica mencionada anteriormente. Todo ello lo acompañaremos de objetivos acordes con nuestra preparación, de forma que nos sea más fácil mantener un control emocional adecuado que nos permita conseguir nuestra meta.

 

 

Empuñar alto o bajo, ¿como se tiene un mejor control?

En general la mayoría de tiradores empuñan la pistola lo más alto posible y que les permita ver los elementos de puntería. Con ello tratan de bajar el eje del cañón, lo cual es una ventaja técnica. Sin embargo con estas cargas tan fuertes, no estoy seguro de sus ventajas.

El autor no empuña la pistola en el límite más alto, sino algo más bajo. Creo que de esta manera tengo un mejor control de la pistola y reacciona de forma más lineal, pero solo son suposiciones carentes de un estudio que las avale y les de el rigor necesario.

 

 

Queda claro que hay que empuñar fuerte, ¿alguien opina diferente?

Creo que no. Probablemente todos saben que hay que empuñar fuerte, pero la tensión nerviosa, o el desánimo, en ocasiones nos hacen sostener más que empuñar.


 


Campeonato de Europa 2012, Pforzheim-Alemania. Xavier Fau durante la prueba de Cominazzo. Se aprecia como el tirador vecino se ayuda para agarrar la pistola de la mejor manera posible.

 

 


Campeonato del Mundo 2014 Granada-España. Miguel Colmenares durante la competición de Cominazzo.

 

 


Copa Presidente Mataró 2003. José Luis Pérez Pastor durante la competición de Cominazzo con su Lepage.

 

 


Campeonato de Europa 2005, Pforzheim-Alemania. La pantalla electrónica, con la secuencia de los disparos, es un gran avance que permite analizar la evolución de la prueba.

 

 


Campeonato de Europa 2009, Valencia-España. El autor durante la prueba de Cominazzo.

 

 


Triangular Alicante 2015. Rafael Jiménez durante la prueba de Cominazzo. Encendido del cebo previo al disparo.

 

 


Lascas de sílex español y piedras de fabricación artesanal con las que se consiguen óptimos resultados.

 


Eugenio Martín durante una competición en Elche 2018. Emplea su pistola original Sharpe&Keene de calibre .53.

 


Campeonato de Europa 2005, Pforzheim-Alemania. El autor durante la prueba de Cominazzo.

 


Miguel Córcoles durante el Autonómico 2018. Secuencia de disparo con la Manton donde se aprecia la fuerte reacción de la misma.

 

 

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